17 mar 2010

ÍNCLITO COCINERO MEDIÁTICO

Bruno Oteiza, tuvo su momento de esplendor en una emisora de televisión en la que parloteaba sobre cocina.

Pero no merecería entrar en esta sección, poblada por insignes botarates, si no fuera porque durante un verano propuso cocinar una piel de rape.

El proceso que se debía seguir para conseguir ese plato barato y muy rico, era digno de la industria del curtido y por suerte llevaba una compaña comestible que permitía, alegremente, arrojar a la basura la mierda de piel de rape que, no sin dificultades, nos invitaba cocinar.

Pase pues, Bruno Oteiza, a los anaqueles de esta sección que se prodiga tan poco.

8 mar 2010

Tratado fallero de la etiqueta

A LA MESA

En general, los eventos gastronómicos falleros se desarrollan en medio de un ambiente informal y lúdico en el que no es muy importante la rígida observancia de normas; ahora bien, eso no significa que se instaure un clima indeseable de desaforado laissez faire que pondría todo manga por hombro. Cada cosa en su justa medida: hay que mantener unos mínimos por debajo de los cuales se perdería sin remisión la dignidad fallera.

No hay que alarmarse, la etiqueta fallera en la mesa es sencilla. Vamos a ver temas básicos como el uso de la vajilla, cubertería y mantelería así como la elección de vinos, cavas y licores.

Uso de la cubertería, vajilla y manteleria

Vamos a exponer con sencillez, primero de qué se componen la cubertería, vajilla y mantelería y cómo se usan.

La cubertería común de uso fallero se compone de: un tenedor de cuatro púas, un cuchillo o navaja y una cucharilla de postre.

La vajilla se compone de: un porrón, un vaso de plástico translúcido blanco y un plato de plástico.

La mantelería consta solamente de: papel contínuo blanco.

El tenedor de cuatro púas es así polivamente como optativo puesto que puede sustituírse por un práctico palillo mondadientes. Su función es asegurar que las ensaladas, aceitunas y encurtidos, lleguen felizmente a la boca aunque también se usa para extender el tradicional ajoaceite por el pan. Salvo en excepcionales ocasiones en las que el tenedor de cuatro púas se usa para arremeter con fuerza sobre las nalgas del vecino, los anteriores son los usos corrientes de tal adminículo. Debe asirse con firmeza y donaire, procurando que el dedo meñique de la mano interesada quede garbosamente extendido.

El cuchillo o navaja (más discreta ésta por lo portátil) se utiliza como herramienta indispensable en la apertura del pan y como mondador de frutas. Por lo común, es un enser también usado para la extensión de salsas y pistos sobre rebanadas de pan y ello porque dada la inestabilidad del producto en cuestión sobre la hoja, la caída de los manjares transportados por ese método y la consiguiente salpicadura a los comensales, provoca el alborozo de la concurrencia. El cuchillo puede ser de cualquier forma y tamaño y ha de tomarse reciamente y con decisión.

La cucharilla de postre tiene tres finalidades claramente delimitadas: su uso como catapulta, como dispensador de azúcar y removedor de café y como aparejo coadyuvante en la deglución de pasteles, confites y postres en general.

El uso como catapulta de la cucharilla de postre merece algo más de explicación. Durante los ágapes falleros, el ritual manda que se efectúen lanzamientos de huesos de aceituna, cacaos, habas o bien aceitunas en su integridad, al resto de los comensales; pero ésto debe hacerse con discreción para no ser visto y mantener el desconcierto de nuestra víctima. Pues bien, por su reducido tamaño, la cucharita de postre es fácilmente escamoteable y cumple a la perfección la doble y riesgosa misión de catapultar con ahínco los culinarios proyectiles (cosa que la cucharilla de moka no hace bien) y seguidamente proporcionar el ansiado disimulo (lo cual no cumple en modo alguno la cuchara sopera).

Dentro ya de lo que hemos definido como vajilla fallera, comenzaremos por el porrón, el cual, permítaseme el símil litúrgico, es el cáliz de la comunión fallera puesto que de él se bebe en hermandad tanto el típico vino con gaseosa como la cerveza, refrescos, sangrías o cavas. Debe agarrarse, como en un rapto vigoroso, por el mango y hacer que tome altura para que, como si de una áurea retorta se tratase, comience a destilar por su prolongado pitón la bebida que se pretenda libar. El porrón es una suerte de redoma o damajuana ideal para el ejercicio de la locución en simultaneidad con la ingesta de líquidos pues sabida es la famosísima frase "carajo, carajillo, carajo, carajotillo" que se pronuncia, con gran éxito, en el acto de escanciarse líquido al gaznate.

Amén de su uso como boomerang, el plato de plástico cumple varias funciones, a saber: es el soporte de ensaladas, cacaos, papas... pero también, puesto que permite ser doblado por su mitad -cosa que la loza impide- se constituye en tolva para lanzar directamente al tracto digestivo los nutrientes que interesen.

El vaso de plástico posee un uso obvio pero vale la pena pararse a mencionar que su gran virtud consiste en hacer que las bebidas gaseosas pierdan su vigor en el acto de servirlas en ellos, de suerte que los niños y las personas adultas con propensión al flato, quedan a salvo de las acometidas de éste.

El empleo de vasos y platos de plástico, al generar cantidades ingentes de desperdicios, ayuda a mantener la estética de las puertas de los casalets puesto que se ven permanetemente custodiadas por al menos dos grandes bolsas de plástico repletas que, a distancia, simulan ser maceteros.

Por fin, por lo que respecta a la mantelería, diremos que ésta, aunque sobria, es de suma utilidad ya que al consistir únicamente en un papel blanco contínuo, el comensal debe entender que por el procedimiento de rasgado, se extraen de él las servilletas, pañuelos, compresas y tampones, así como pequeñas pelotillas para lanzar. De fácil incendio, el mantel de papel se usa para promover bromas a los correligionarios. Ocioso es mencionar que el mantel de papel permite el grafiti y el diseño de bocetos falleros a todo trapo.

Elección de vinos, cavas y licores

Como norte se debe tener siempre presente que todos los productos de consumo fallero han de ser valencianos o en su defecto, no catalanes. Veamos ahora el capítulo particular de las bebidas.

Los vinos

Los vinos han de ser inexcusablemente valencianos. Se considera que los rosados, preferentemente abocaditos, son del gusto de todos y van muy bien con todo tipo de viandas. Son muy recomendables los caldos de las bodegas de Villar del Arzobispo y Casinos. En celebraciones de prestancia mayor, se aconsejan los de Pedralva y Turís. Los ágapes más selectos, como la cena que suele ofrecer la fallera mayor, deben regarse con vinos de Cavas Murviedro o Salvador Poveda.

Los cavas.

Aunque la valencianía obliga al consumo de cavas de la tierra como los excelsos Torre Oria (siempre rosados) o Castell dels Sorells (siempre semi-seco) en las celebraciones más distinguidas, no hay que olvidar su precio (parejo a su gran calidad, claro); por lo que excepcionalmente, previa solicitud y con el pláceme de la Junta Central Fallera, se autoriza el consumo de un cava catalán económico como el conocido "champaña Dubois", el cual ofrece la posibilidad de obtener una botella gratuíta cada vez que se descorcha.

Los licores.

Por lo que se refiere a los brandys, en toda selección para el paladeo fallero ha de incluirse un ramillete de los mismos que recoja desde los más humildes a los más exquisitos.

No hace falta hacer mucho hincapié en que los brandys catalanes como los de la pérfidas casas Torres o Mascaró están satanizados y por tanto en excomunión.

Tengamos presente que las falleras también gustan del deleite que proporciona saborear en la sobremesa un rico licor y por qué no decirlo, achisparse un poquito para contar sin pudor ristras de chistes verdes y manosear culos y paquetes de todo fallero que se ponga a tiro. Para este fin está indicado el popular anís seco Machaquito, hecho en Rute (Córdoba), así como las cremas irlandesas entre las que destaca la finísima Baila's y en otro orden de licores, el muy castizo Calisay.

Otras bebidas.

Consideraremos aquí las cervezas, de enorme implantación en el ámbito fallero por ser el sostén de los concursos de regüeldos. No cabe la menor duda que la cerveza que siempre se ha elegido es la Túria, la de la Cruz Cubierta, pero como dejó de fabricarse, se suele sustituír por la muy carbónica Hacendado.

También se ha de considerar que el público infantil, si bien se ha de iniciar tempranamente en el consumo de vinos y destilados, es proclive a beber refrescos de cola, naranja y limón. Pues bien, separando el grano de la paja, debemos inclinarnos por marcas de calidad y prestigio netamente valencianas como La Pitusa o El Siglo.

El agua mineral natural debe tenerse muy en consideración pues en toda colectividad hay personas enfermas que están impedidas para la bebida fuerte o gasificada. El agua de la marca Monteverde Valenciana reúne las adecuadas cualidades organolépticas, es ferruginosa, bicarbonatada sódica y altamente diurética; además está comprobado que es el coadyuvante más eficaz para la retractilización de las hemorroides.

4 mar 2010

Artículos de broma

Uno de los signos más notables de que nos encontrábamos en plena Navidad, era ira a comprar, entre la humedad y el frío, los pertinentes artículos de broma a una tiendecita que radicaba en la calle de Moratín.

Si la misma existencia de una tienda dedicada a los bromistas y amantes de los juegos de sociedad, constituía un misterio, no digamos lo que era el hecho de que dos empleados atendieran el negocio. Increíble, pero en aquellos tiempos infantiles un padre de familia muy bien podía trabajar en una tienda de artículos de broma.

Lo chulo era volver a casa con las bombas fétidas, los polvos de estornudar o el líquido de frío y calor para poder hacer la puñeta en las reuniones familiares o en misa.

Y eso era una parte importantísima de las fiestas navideñas que, por lo demás, transcurrían con más tedio que otra cosa, en ese tiempo perdido y jamás recuperado que nos ofreció el último tramo amargo de la dictadura.

24 feb 2010

Las noticias bobas

Cuando saltó a los televisores, radios y tabloides la alarmante noticia de que el restaurante El Bulli cerraba durante dos años, una creciente preocupación ensombreció los corrillos bursátiles y los amplios despachos donde los codiciosos botarates se ocupan de las finanzas de los bancos y realizan cerriles informes sobre economía.

Esas benditas almas orates, perdían un sitio donde derrochar en el embuste de la alta cocina; pero para la gente del común, el que ese restaurante cierre o abra importa un pijo.

Importa si el Chato abrirá el figón el sábado o lo tendrá cerrado, el muy cabrón, como suele.

11 feb 2010

Escupitajos compactos


Bitartrato de potasio

La taxonomía biológica obedece a criterios científicos y tiene por norte ordenar a los organismos en un sistema de clasificación compuesto por una jerarquía.

Los criterios, la verdad, resultan a veces un poquete caprichosos. Basta con acordarnos de don Ernst Kretschmer para comprender la cosa, pero es cierto que, al menos entre los varones, podemos distinguir entre los que pegan escupitajos compactos y de impulso firme y aquellos a los que les brota una triste aspersión o una babilla en caída libre por más que dispongan los labios de tal o cual manera y eyecten el salivazo con tesón.

No se trata solamente de escupir flemas que -por sí- son compactas, sino de escupir bien los salivazos. Ahí está la gran dicotomía entre hombres y también entre mujeres: el pegar el salivazo bien o pegarlo decepcionante.

Es casi seguro, aunque todavía no hay evidencias que lo confirmen, que los del salivazo noble y compacto tiran de cremor tártaro para ayudarse.

El cremor tártaro es en realidad bitartrato de potasio (ver molécula en la ilustración) y tiene mucho uso en cocina.

Los grandes cocineros pegan, pues, buenos salivazos. Otro motivo para recelar de ellos y, desde luego, insultarles a respetable distancia.

2 feb 2010

Escamas del fascismo

Las bandas de música que tanto esplendor dan a las fiestas de todo tipo que florecen en este rosicler que es la Comunidad Valenciana, están en su mayoría instaladas en una inercia anestésica, que se contagia al público en general, y que consiste en la interpretación del Himno Nacional (sin letra: chinta chinta) tanto a la salida como a la entrada de las imágenes de los santos y santas patronos de los pueblos.

Da susto, parece que va a salir el general bajo palio; pero, claro, hay santos que todavía conservan honores militares o municipales: generalatos o varas de mando.

El Santo Sacramento recibe aún honores de capitán general y la presencia de piquetes de la gloriosa infantería española o del benemérito instituto en las procesiones de mayor tronío, es hoy (siglo XXI) una constante.

¿Qué van a hacer los músicos? Arrancarse con el chinta chinta, naturalmente.