1 mar 2012

Salvemos a los notarios

Uno de los aspectos más desconocidos de la crisis financiera, es el caso de los notarios quienes, al no constituirse el número de hipotecas al que se habían acostumbrado, están pasando la peor época de su historia como colectivo.

Muchos han tenido que prescindir del yate y hasta, en casos muy extremos, dejar de beber güisqui japonés. "Que podamos celebrar casorios", ha declarado un ilustre damnificado, "quizá restañe en parte la herida sangrante que estamos padeciendo".

Save the notaries, es una organización filantrópica que nació en Tallahassee (La Florida, EE.UU.) en 1965, y que ha iniciado en Madrid una fuerte campaña de recogida de fondos para salvar de una catástrofe irremediable a estos sufridos trabajadores.

10 feb 2012

Regardez! Ecoutez! Parlez!

A los estudiantes del bachillerato de los años 70 del siglo pasado, que tanto añoran los gobernantes neofranquistas, se nos presentaban muy pocas ventanas al mundo normal.

Quienes estudiamos el muy diplomático idioma francés, tuvimos ocasión de contemplar las láminas de vocabulario de los libros "Regardez! Ecoutez! Parlez!" (de la editorial Mangold)  en las que aparecían casas estupendas que atribuíamos a los franceses en general. Allí podíamos ver e imaginar como mon cher ami Pierre, por ejemplo, después de ducharse, desayunaba a base de bien con zumo, tostadas, leche y cereales (!?) y se marchaba al colegio. ¡Qué civilización!

En la contemplación de aquellos gráficos evocadores se nos iban formando las ganas de ser "algo" en la vida y marcharnos de este infame país cuanto antes.

9 dic 2011

San Martín de Tours

Aunque ciertos autores sostienen que lo que compartió San Martín de Tours con el mendigo fue la mitad de su caspa, está universalmente reconocido que el santo partió su capa en dos y entregó media al indigente.

Si aceptamos la iconografía que existe para ilustrar este hecho tan notable de filantropía y nos creemos al sensual Greco, San Martín de Tours era un miserable.

Aquí lo tenemos, a un tiro de piedra de su casa, vestido como un príncipe y a caballo. Y tiene el morrazo de darle al desdichado (que va desnudo como un San Sebastián asaetado) solamente la mitad de su capa. ¡Menudo santo cicatero!

Aunque al pobre, transido de agradecido fervor, se le ve contento.