De la subitánea muerte
del rayo y de la centella
libra este trisagio y sella
a quien lo reza y advierte
En la huerta de Meliana
han plantado alcachofas.
Es muy fácil que la piedra
pueda arrasar con todas.
De la subitánea muerte...
Naranjas y mandarinas
la pedregada las borra
Nabo, boniato y cebolla
salvaguardan la casporra
De la subitánea muerte...
Alhelís, lirios y rosas
resultaron un ampastre
porque la flor y la piedra
solo nos traen desastres.
De la subitánea muerte...
Cristiano: huye del granizo
y encomiéndate a la Santa
sabiendo que siempre te hizo
gracia y bondad muy alta.
De la subitánea muerte...
Una virtud tiene el ajo
ante el contumaz granizo
porque al criarse por bajo
alaba a Dios y a su hijo.
De la subitánea muerte...
En su manglar el arroz
brota al cielo garboso
pero el granizo atroz
lo arrasa con viento odioso
De la subitánea muerte...
Prunas y otros frutales
préstanse a ser abatidos
por piedras y vendavales
o por ladrones furtivos.
De la subitánea muerte...
En cambio la col lombarda
que tantas capas ostenta
aguanta firme y gallarda
el fragor de la tormenta.
De la subitánea muerte...
11 ago 2021
Coplillas populares de autoría ignota
16 jun 2021
La mano del padre
Dar la mano, para saludar o para despedirse, implica casi
siempre un riesgo porque muchas personas la dan de modo cicatero, sin ofrecerla
sino más bien hurtándola, abreviando el contacto, rehuyéndolo. También existe
la posibilidad de que la mano esté fría o sudorosa, así que dar la mano es un
trance del que muchas veces se sale con bien y otras, por desgracia,
decepcionado.
Trascender lo razonable, remarcarlo o darle carta de valor muchas veces requiere del notario de la vida, de la mano del padre que, como el agujero de gusano que tan del gusto de Proust hubiera sido, nos lleva al mar de los perpetuos consuelos donde no valen las excusas ni las contriciones porque todo, desde hace rato, está ya perdonado.
28 feb 2021
22 nov 2020
El episodio
El televisor parpadeaba en color y en blanco y negro otro documental machacón sobre la copla, esa insignia de la caspa que todos los artistas coinciden en ensalzar con el apelativo de "cultura de España". Bueno, pues allí canturreaba algún digno representante del género y comenzaron los alaridos que venían del fondo del pasillo ya mal iluminado porque la tarde declinaba. Toda clase de imprecaciones, un cagarse en la puta madre que parió a nosequién, golpes, bufidos...
Paqui dejó despacito un calcetín que zurcía, se puso las zapatillas -chinelas eran, creo- tomó aire por la nariz y lo exhaló con resignación; se había levantado de la silla y se apoyó un instante en el marco de la puerta, levantó la cabeza para prestar atención porque el pasillo estaba en silencio pero volvieron las voces. Paqui negó con la cabeza y se puso en marcha despacio.
Por el camino hacía memoria de las recomendaciones de la psicóloga: tono suave y calmado, sin alterarse, escuchando paciente sin imponer nada. "Me cago en sus muertos", pensó porque de todas todas hubiera preferido estallar pero esa mierda de la calma casi siempre funcionaba.
Arreciaron los gritos como un pedrisco con viento racheado y Paqui llegó al quicio de la puerta, movió la manija despacio y chirriaron los goznes; eso interrumpió la grita y la puerta siguió su apertura con gran silencio de fondo.
Un Son Goku de resina atravesó en diagonal la habitación en vuelo supersónico y fue a estamparse contra una estantería repleta de videojuegos, se recuperó la salmodia desaforada de imprecaciones, gritos e incluso llantos momentáneos circunstancia que aprovechó Paqui para tomar asiento.
"¿Ya te ha dao, Kevin Ambrosio?" Pero la respuesta no afloraba y la traca siguió su acelerada explosión. Casi tres años de lo que los entendidos llamaban episodios. ¡Muy bien dicho! ¡Como si aquello fuese un serial televisivo que puedes decidir no ver! ¡Episodios! Es que está en una edad difícil. Coño y yo, pensaba Paqui.
Comenzó a hablarle tan quedo que ni ella se oía. Era como una oración; el avemaría que invocaba la calma. Siempre soltaba el mismo párrafo con el mismo incremento de voz y las mismas pausas. Cuando llegó a ¿quieres un vaso de leche templada? el vendaval amainaba. "No, quiero la pley".
Se levantó y le dio un beso en la frente y un apretoncito en el cuello; suave sin casi fuerza. Salió de la habitación y sin prisa se marchó llorando a la cocina.
26 dic 2018
Lo menos treinta años
Cuando se encendió la luz, le dio al botón
que abre la puertecita e introdujo un disco que, después de las advertencias
contra la piratería, las amenazas, trailers y puñetas, liberó por fin las imágenes que
exhibió la pantalla: Un hombre adulto con una enorme camiseta roja, sobrerillo,
peluca y nariz postiza se dirige al público infantil para preguntarle en tono
campanudo: "¿cómo están ustedes?" Entonces la cámara capta un plano de los niños
contestando “bieeen” con enorme alborozo.23 nov 2016
La modorra vespertina
Cumplido que estuvo con el cuerpo, se acomodó
y fue arropándose metódico hasta dar con la postura ideal. Puso la tele en
marcha y buscó canales soporíferos; al momento dio con uno en el que estaban
poniendo un documental sobre África. Un dato atrajo su atención: una voz decía que uno de cada dos africanos carece de energía eléctrica con la que
hacer su vida más cómoda. Africanos hay a cholón, añadió la voz. El dato era muy interesante y le provocaba cierto disgusto pero la manta ya le daba el calorcito adecuado y se durmió. 1 oct 2016
Dentro del profiláctico
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| Alberto Oliveras con su premio Ondas |
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| Teresa de Calcuta con su beatífica sonrisa |
































