22 oct 2015

Pañuelo

Sucedía que tener pan de molde en casa era un claro signo de mundano savoir-faire. Se compraba en los pocos supermercados que había y aunque te lo vendiesen florecido, daba lo mismo, se consumía cuidando de morder solo lo blanco. Se pegaba al paladar pero eso era comida de ricos, seguro.

Era como entrar en la civilización pero desde el corral, si en el mundo civilizado hay corrales en las casas. Creo que no.

Por aquella época era normal también que, en el momento en que ya estabas abriendo la puerta para salir de casa, tu madre te gritara ¿llevas pañuelo? Y vuelta atrás para aprovisionarte de uno y eso que decían que había pañuelos de papel para mocarse una sola vez.

1 sept 2015

Abrazo

Uno se cree que, metido en el siglo veintiuno entre faceboocks, whatsapps, twiters y todas las redes de información que se nos ocurran, es imposible que el ahora mismo nos depare una sorpresa que no sea tecnológica; pero va y al dar la vuelta a una esquina del verano, se nos aparece una rondalla de pulso y púa que para ante una puerta y se arranca a cantar “La Aurora”. Las luces de la casa aumentan su intensidad, la puerta se entreabre y la cara que asoma da un grito emocionado y el cuerpo al que pertenece esa cara sale disparado hacia la calle, mientras los ojos de esa cara lloran sinceramente y con la misma verdad moquea la nariz y todos esos fluidos se estampan en una cara, en un cuello, porque así son los abrazos.

13 ago 2015

La máquina del tiempo

Conchita Bautista, como todos los cantantes de la era del vinilo –ese camelo mitificado que requería carísimos y complejos equipos reproductores para oír algo- debió ganar mucho dinero con la venta de sus discos, los bolos y las pocas películas en las que intervino; pero competía con grandes valores de la escena musical como Carmen Sevilla, Lola Flores o, la más jovencita, Rocío Jurado y por eso no era ni carne ni pescado. ¿Cantante ligera? ¿Tonadillera? Voz gutural, especializada en los grandes certámenes de la canción que durante los años 60 del siglo XX lo petaban. A una dictadura siniestra como la española, le interesaba proyectar buena imagen y en todos los fregados había alguien defendiendo los valores musicales patrios.


En fin, la recordamos aquí junto al gran Augusto Algueró que probablemente sea el compositor del ADN musical de una o dos generaciones de españoles (con Juan Carlos Calderón). Los dos son responsables de canciones imperecederas que forman parte de nuestro genoma cultural.

Hemos elegido “Será el amor”, interpretada por Conchita Bautista y compuesta por Algueró, para nuestro viaje en el tiempo porque es bonita y para desmentir a los bobos que, como Alfonso Ussía, sostienen que la compuso para la película “Torrente, el brazo tonto de la ley”.

[En marcha]

7 ago 2015

Amistades

Como las estalactitas, las amistades se forman tan lentamente que al pasar revista al tiempo del que datan, resulta imposible hacer precisiones. Teodoro Golfín y José Ido mantuvieron durante sus vidas una inquebrantable amistad que se forjó en Alcalá de Henares durante la primera mitad del siglo XIX.





Teodoro Golfín estudiaba medicina y todos los días a la misma hora pasaba por la puerta de una librería de viejo que atendía José Ido, escritor de folletines e hijo del dueño. En el instante muy breve de cruzarse el estudiante y el escritor, intercambiaban un “buenos días”. Eso fue así desde 1820 al otoño de 1823. Aquel jueves, Teodoro Golfín, tras el intercambio de “buenos días” con José Ido, hizo una pausa dramática y añadió: “parece que refresca”.

12 jun 2015

Nieves Piris

La septuagésimo cuarta edición de la feria del libro de Madrid nos trajo clasicazos como las colas de bobos esperando que Pérez Reverte les firmase alguna tabarra, las loas a la dieta vegetariana por parte de la realeza y otros tópicos primaverales.

Fuera de la zona iluminada por los potentes reflectores del recopetín, esta feria nos mostró un verdadero tesoro que viene a iluminar una oscura falsedad. Se trata de la biografía póstuma de Nieves Piris Escalante, un nombre que nada nos dice como tampoco nada evoca. Se trata de una persona anónima, que lo hubiera seguido siendo de no ser por el denuedo con el que su sobrina Encarnación la ha sacado del olvido.

Nieves Piris nació en Cullera (Valencia) justo cuando terminaba la regencia de María Cristina de Habsburgo. Huérfana de padre, que había muerto en Camagüey (Cuba) al caerse de un caballo, se trasladó a Madrid donde entró a servir en casa de los Klein, unos franceses adinerados, que con el paso del tiempo la convirtieron en cocinera gracias a las dotes culinarias que desde el primer momento demostró.

Cuando la hija de los Klein contrajo su segundo matrimonio, Nieves pasó a ser su cocinera. Como sabía leer y escribir, anotó a lo largo de los años todas las recetas con las que alegraba el paladar de la familia Ortega, pues ese era el apellido del señor de la casa. Con lo que quedó de esas notas y otros escritos, Encarnación Valls ha construido su biografía y, de paso, ha desmontado un mito.

Nieves Piris había reunido un total de mil ochenta recetas de cocina mientras sirvió en casa de la hija de los Klein. En 1970, a los sesenta y un años, perdió la memoria y la capacidad de caminar por causa de una demencia vascular. En esas condiciones, doña Simone su patrona, decidió dos cosas: ingresarla en una residencia que las Hermanitas del Cordero tenían en Pozuelo de Alarcón y hoy es una urbanización de lujo; la segunda decisión fue publicar el fantástico recetario que Nieves guardaba en dos cajas de puros Partagás.

En 1972 salió a la calle un libro que todavía se vende como el agua y del que Nieves Piris nada supo pues falleció en noviembre de 1971.

Encarnación Valls Plumed, catedrática de ética en la Universidad Católica de Lovaina y sobrina de Nieves Piris, nos brinda en esta biografía una visión “aquilatada”, según sus propias palabras, “de una realidad para la que no buscamos sino el simple reconocimiento que restablezca la paz en este conflicto intelectual”

3 jun 2015

Arousal

Entre el estímulo y la respuesta, dicen que hay un proceso de activación psico-física que se llama arousal porque en inglés todo suena mejor. Se le puede llamar alerta o activación, pero da igual.

La cosa es que cuantos más estímulos inciden en el individuo y cuanto más complejos son, las respuestas que genera éste han de ser más elaboradas para ser eficaces. Por eso es corriente oír expresiones como estas, “¡qué bien se vive en el campo!” o “¡qué plácido es el convento!”

En los países llamados neutrales, en los principados, republiquitas o bailiatos en general, el nivel de arousal nacional no debe ser muy alto porque nada se oye de ellos salvo lo apacibles que son. Como una Malá Strana donde, si ruido, sus vecinos amasan fortuna sin que se sepa en qué la gastan.


Es muy posible que por eso, la ideal Malá Strana sea el desiderátum de todos los independentismos.

19 may 2015

Lantánidos y actínidos

Cuando en otro momento salió el tema de los gases nobles ya vimos que el sistema periódico de los elementos contiene misterios de raíz no solamente química sino también social porque la sociedad se comporta según pautas parecidas a las del sistema periódico.

Según dicen los químicos, a los lantánidos se les llama tierras raras. Tierras porque se trata de óxidos y raras seguramente por la cara puesto que, al contrario de lo que parece, no son tan infrecuentes en la naturaleza y además son muy útiles. Su paralelo social serían los radioaficionados que en medio de un mundo, envuelto en la red de la híper información, son una rareza que, como las palomas mensajeras, resulta útil.


A su lado tenemos a los actínidos que son tremendamente inestables y no se encuentran de manera normal en la naturaleza. Los actínidos, pues, existen pero no están y sus isótopos son tremendamente radiactivos. Son pocos y efímeros. Su paralelo social son los concursantes de Saber y Ganar que son pocos (porque se conoce que los listos escasean) y repescables a perpetuidad. Lo malo es que cuando los recuperan para seguir concursando, se convierten en isótopos tremendamente radiactivos.