23 nov 2016

La modorra vespertina

Con la intención de pasar la tarde amodorrado, hizo acopio de cojines y también pescó una manta. El teléfono y las gafas, cerca. Cuando le pareció que estaba todo dispuesto, se marchó a mear con el fin de no tener la necesidad de cambiar de postura en mucho rato.


Cumplido que estuvo con el cuerpo, se acomodó y fue arropándose metódico hasta dar con la postura ideal. Puso la tele en marcha y buscó canales soporíferos; al momento dio con uno en el que estaban poniendo un documental sobre África. Un dato atrajo su atención: una voz decía que uno de cada dos africanos carece de energía eléctrica con la que hacer su vida más cómoda. Africanos hay a cholón, añadió la voz. El dato era muy interesante y le provocaba cierto disgusto pero la manta ya le daba el calorcito adecuado y se durmió. 

El televisor siguió a la suya con el documental que cuando terminó, sin solución de continuidad, dio paso a otro presentado por un insigne antropólogo británico con sombrero y pañuelo al cuello que iba acompañado por una actriz famosa en pantaloncete corto y camiseta bastante prieta. Iban primero en una avioneta y luego en un todoterreno japonés. Abrió los ojos un momento pero se giró al otro lado y siguió sesteando. En la pantalla, el doctor antropólogo se volvía tarumba explicando a su bella acompañante la gran maravilla que era encontrar una tribu como aquélla en la que las mujeres salen a buscar agua y hierbas comestibles recorriendo varios kilómetros y los hombres cazan monos y recolectan miel. Al rato abrió un ojo y la actriz y el sabio ya volaban hacia Londres en un avión comercial. 

La tele la emprendió con unos que desde su yate marcaban tiburones blancos y él siguió durmiendo durante casi todo el documental.

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